El dolor de espalda es esa molestia que llega sin pedir permiso. Un día cualquiera basta para que tocarse los zapatos o levantarse de la cama se convierta en una prueba. Los especialistas explican que más del 80% de las personas lo sentirán al menos una vez en la vida.
Y casi siempre ocurre porque los músculos se tensan, los discos se desgastan o las exigencias del día a día se acumulan en la parte baja de la columna, que es justo la que más carga sostiene.
El hábito diario que ayuda a reducir la mayoría de dolores de espalda
El calor como aliado del movimiento
A veces la recomendación más simple es la que parece tener mejores resultados. Médicos en España explican que el calor local puede servir de alivio cuando la espalda se queja por una contractura. Un paño tibio, una almohadilla térmica o un saquito de semillas ayudan a que los músculos se relajen, el flujo sanguíneo mejore y la rigidez suelte su agarre.
Eso se traduce en algo tan valioso como recuperar un poco la movilidad. Pero conviene escuchar al cuerpo. Cuando la molestia viene acompañada de inflamación, el calor puede empeorarla. En esos casos, el frío es el que debería entrar en escena durante los primeros dos o tres días, antes de probar con lo cálido.
Moverse también es tratamiento
Durante mucho tiempo se creyó que la espalda debía quedarse quieta para sanar. Hoy los expertos de centros médicos en Estados Unidos coinciden en que el reposo total ya no es la primera opción. Si no hay señales de gravedad, permanecer activo es parte del proceso. Caminar con calma, levantarse cada tanto y cambiar de postura son gestos que ayudan a que el cuerpo no pierda flexibilidad ni fuerza.
Hay restricciones temporales que importan para no agravar el problema. Evitar levantar peso, girar brusco o hacer esfuerzos intensos mientras el dolor está reciente es una buena regla para los primeros días.
Hábitos que marcan la diferencia
La espalda también se protege con decisiones pequeñas. Mantener una postura amable al sentarse, apoyar bien los pies en el suelo, usar una silla que cuide la zona lumbar y elegir un colchón que no se hunda, ayudan a distribuir la carga. Dormir boca arriba o de lado, con apoyo en las piernas, puede aliviar la presión que se acumula en la parte baja.
La salud también pasa por la balanza. Cuando el peso es mayor, la columna trabaja de más. Fumar tampoco ayuda, porque reduce el flujo sanguíneo hacia los discos que amortiguan la espalda. Incluso el estrés juega un papel silencioso, tensando lo que ya duele.
Ejercicio para fortalecer por dentro
Hay un punto en que el alivio se construye con constancia. La Clínica Mayo recomienda ejercicios sencillos para hacer en casa que fortalecen el abdomen, dan estabilidad y cuidan la columna. Movimientos como acercar las rodillas al pecho, elevar ligeramente las caderas en el suelo o estirar la espalda como si fuera un gato mejoran la flexibilidad y la fuerza.
Caminar, nadar o pedalear también son aliados que no exigen demasiado al inicio. Con el tiempo, los músculos se vuelven más resistentes y cada gesto cotidiano deja de ser un desafío.
El dolor de espalda no tiene por qué instalarse para siempre. A veces, la salida comienza por un hábito que cualquiera puede aplicar. Un poco de calor donde más duele, algo de movimiento y pequeñas mejoras en lo que hacemos todos los días. La espalda, tarde o temprano, lo agradecerá.
FUENTE MSN https://www.msn.com/es-mx/noticias/other/el-sencillo-h%C3%A1bito-diario-que-m%C3%A9dicos-se%C3%B1alan-como-clave-para-reducir-la-mayor%C3%ADa-de-los-dolores-de-espalda/ar-AA1RIOtR?ocid=msedgdhp&pc=U531&cvid=697c9cef6de64fb0b44c52322408555b&ei=195
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